Por qué Rajoy, como yo, es un buen amante

La fortuna y la casualidad me han llevado a pensar que el sexo es probablemente la tarea central de la vida, algo que considero un don inestimable. Y en este empeño me aplico lo que puedo y, claro, lo que me dejan. La verdad es que la mujer con la que practico, inteligente, felina y hermosa, me ayuda bastante, aunque tengo épocas de incertidumbre creciente, en las que me siento menos sensual que un elefante en calzoncillos. Entonces, me afano mirándome a un espejo envejecido que tengo junto a la cama pecaminosa, en la vana esperanza de que nuestro conocimiento mutuo le ablandará y mostrará una imagen más amable de mi cansado cuerpo. Nunca es así, por supuesto, pero no por ello dejo de perseverar, de intentar ejercer un influjo atractivo sobre mi compañera, de sentirme deseado y, lo diré de una vez, amado, eterna y violentamente amado, que para eso es el sexo, para sentir, palpar, el amor en el cuerpo de otra persona.

Estaba dando vueltas a este deseo insatisfecho, cuando Rajoy apareció en la TV hablando no se qué de la soberanía nacional, como si existiera la soberanía, y mucho menos la imagesnacional. Un aburrimiento. Lo interesante fue descubrir el empeño y el esfuerzo que hacía por presentarse atractivo, su forma de hablar, sus movimientos medidos, controlados, sus estereotipias, dejes y miradas furtivas. “Anda -me dije-, si éste es como yo, está intentando tirarse a la audiencia”, y me quedé observándolo con mucha curiosidad y un poco de ansiedad. “¿Haré y diré yo esas chorradas?” me pregunté dubitativo. Después de unos minutos, me percaté de que su situación era bastante más calamitosa que la mía y mi duda metódica se transformo en compasión. Al fin y al cabo, yo solo tenía que convencer a una mujer y además juego con ventaja porque ya llevamos juntos una porrada de años y está dispuesta a disimular y hacer como que le resulto atractivo (no me importa el porqué, solo el resultado, follar) Rajoy, en cambio, tiene que resultar atractivo a 46 millones de personas y, os lo aseguro, no todas están predispuestas a dejarse joder. Así que su tarea es inmensa, prometéica, comparada con la mía. Desconozco si dicha tarea está incluida en el sueldo de presidente. Sea como fuere, ahora entiendo por qué se subió el sueldo en el 2012 o el hecho de que pudiera cobrar sobres en negro. No me extraña, no hay contraprestación para una tarea tan ingrata, aspirar a que 46 millones de personas se sientan atraídas hasta el punto de querer follar contigo. ¿Tarea prometéica? Diría mejor que ha salido la bola negra y juegue al número que juegue, Rajoy perderá. No obstante, tras observarle cuidadosamente, creo que su empeño le dota de un cierto aire heroico. Porfía y porfía, inasequible al desaliento, es nuestro Sísifo de la soberanía nacional. De hecho, creo que se parece cada vez más a mi. Si, si. Como yo, no ceja en su empeño de persuadir de sus encantos a su amante, de mirarse y mirarse al espejo para oír lo que nunca oirá, de ansiar desesperadamente ser amado. Eso y solamente eso nos convierte en amantes inigualables. Él como yo, ha aprendido con la edad que no es buen amante quien practica el sexo, sino quien no deja de intentarlo.

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